Tigre
Muestra primero sus ojos como el gato de cheshire. Con facciones más salvajes, el tigre cósmico empieza a aparecer entre la inmensidad de las estrellas. Se empiezan a delimitar sus lineas tenuemente blancas, y púrpuras. Su pelaje azul profundo como el mar es casi indistinguible del vacío del espacio. En ningún momento muestra los dientes. Nunca hasta ahora lo vi mostrar los dientes, ni a mí ni en sus cuentos.
Espero a que se manifieste por completo, que es así cuando se siente más cómodo para hablar. Hoy toma una forma relajada, como un gato doméstico dormitando bajo el sol de una tarde de primavera. Sus tenues lineas blancas delimitan su vientre al mismo nivel que sus patas traseras y delanteras, con su enorme cabeza apoyadas en parte en el vacío, y en parte en sus patas. Nunca ví sus garras. A sus uñas me refiero. De acuerdo con el sonido del vacío del espacio, sus orejas están indiferentes, quietas en una posición relajada.
Cuando todas sus lineas quedan trazadas sobre mi vista, levanta su perfil y parpadea una vez, lentamente, moviendo en varias direcciones los músculos que rodean sus ojos, y así con sus lineas púrpuras. Sé que sus bigotes y sus cejas se retraen también. Pero sólo lo sé, no lo veo. Porque el tigre cósmico nunca se deja ver por completo. O al menos nunca es visto por completo.
‘Volví’ le digo, haciendo una reverencia sutil con mi cabeza. ‘Quería hablar otra vez’. No siento miedo. Tampoco intimidación. Sólo una sensacion de ser ínfimo frente a la infinitud. Como un náufrago flotando en el océano, que aparece sin pasado, y con futuro incierto.
Siempre se toma su tiempo para responder. No sé cuánto, no es que acá sea medible, pero me encuentro observándolo por varios momentos mientras sus finas pupilas negras se jactan de mi presencia. Levanta su enorme cabeza de entre sus patas, y me regala su atención.
‘Háble’ dice el tigre, sin mover la boca, sin mostrar los dientes, sólo con su mirada. Y siempre con pocas palabras. El cosmos parece escatimar en pistas.
Así como habla en pocas palabras, no le gusta escuchar muchas. Al principio venía con preguntas complejas, discursos elaborados, que al fin y al cabo solo recibían monosilábicos como respuestas. A medida que fui acortando mis preguntas y preposiciones, sus respuestas se fueron alargando. No se si es un tema de gustos igual, quizás es un tema de posibilidades, que no le es posible responder como yo espero que él lo haga.
‘Quiero saber si el humo del horizonte es seguro’ le digo de forma concreta. Por supuesto ya sabe de lo que estoy hablando. Desde que apárecí enfrente del tigre cósmico, él sabe tambien lo que le voy a preguntar, y siempre supo las respuestas. ‘Tan seguro como estés preparado’ dice, sin mover una sóla linea de su figura. Lo interpreto como un no. A veces los entes cósmicos son innecesariamente vagos en su decir. Esto lo pienso después, claro, porque si me siente pensarlo se ofendería.
Como no tengo nada más para preguntarle en el momento, le hago una pregunta arriesgada. ‘Quiero saber si el cuerpo del tigre es tangible’. Al instante sus finas pupilas negras se ensanchan hasta formar dos platos de una negrura profunda, sin estrellas. Empuja con sus patas delanteras al vacío mientras me mira y levanta cabeza seguida de sus omóplatos. Mira hacia otro lado y levanta sus patas traseras apoyandose en el vacío, y comienza a caminar sobre las nebulosas y los cúmulos. Como un trazo en reverso, se empiezan a desdibujar sus líneas blancas, las púrpuras, y última desaparece la sombra azul del tigre.